Orar es un diálogo
Tenemos muchos errores acumulados en nuestra
memoria. Es como una montaña que nos impide ver los resplandores del sol de la
verdad. Y esos errores toman la forma de prejuicios que se pegan a los ojos
como escamas. Con esa ceguera inadvertida es imposible que veamos las bondades
de las personas, del mundo y de Dios.

Un primer error que cometemos al orar es
tomar a Dios en un sentido utilitarista. Sólo nos acordamos de Él ante el
peligro inminente o la situación desesperante que se nos viene encima. Pero el
resto del tiempo vivimos sin pensar ni advertir su omnipresencia y dedicamos
todo el tiempo a nuestros negocios y empresas sin importar lo que Él pueda
sugerir o mandar. Si lo tuviéramos en cuenta no seríamos tan avaros y
vanidosos.
También es una actitud utilitarista ir hacia
Él para que a cambio de una plegaria o una veladora nos conceda lo que pedimos
sin reparar si es lo más conveniente para nuestra salud física y espiritual.
Hacemos unos diálogos de orates y prometemos lo que no vamos a cumplir, todo
por conseguir chantajearlo de acuerdo con nuestros mezquinos intereses. Pero
Dios en su omnisciencia sólo sonríe.
En otras ocasiones tomamos la oración como
espectáculo y cuando nos dicen que en tal secta o grupo sí se siente la
presencia divina nos vamos para allá para formar parte de los que saltan y
hasta se tiran al suelo como si en medio de la algazara Dios pudiera hablar.
Eso es desconocer que el lenguaje preferido de Dios es el silencio. Cambiamos
de religión, pero no cambiamos de actitud.
Pero también sucede que tomamos la oración
como un ejercicio de yoga y buscamos encerrarnos dentro de nosotros mismos como
si fuéramos tortugas asustadas. Creemos hallar la paz en la soledad y la
reflexión propia sin tener en cuenta que Dios exige la comunicación sincera y
servicial con nuestros semejantes. Olvidamos que a Dios sólo se puede llegar
mediante el amor al prójimo y que en cada uno de los que sufren está Dios
suplicando misericordia. Si nuestro corazón no es bondadoso y nuestra mano,
generosa, ¿cómo esperar que Él nos perdone y nos dé su amor?
Otro error en el que incurrimos es pensar que
Dios responde con la celeridad de las leyes de la física y que a la acción de
orar inmediatamente Dios se manifestará como si fuera el genio que Aladino
manipulaba según sus deseos. En la oración es donde debemos demostrar que
aprendimos de Él las ventajas de la paciencia y el poder de la fe. La creación
entera no fue un acto de magia sino el fruto de largos siglos de paciente
espera. Y con todas estas maravillas del mundo visible aún dudamos de su
presencia y su amor porque pretendemos que Dios sea el sirviente a quien
ordenamos para que inmediatamente actúe.
Si oramos con fe y esperamos pacientemente
que Dios actúe nos convenceremos de que sin Dios nada somos pero que podemos
trascender y vencer todas las dificultades, incluso la enfermedad y la muerte,
si en Él nos refugiamos y hacemos su santa voluntad. Si comprendemos esto no
buscaremos las religiones para comunicarnos con Él sino el momento diario para
decirle gracias Padre por la vida, el trabajo, mi familia y todo lo bello que puedo
compartir con el que llama a la puerta. Orar es un diálogo con Dios y con el que está a mi lado. Oremos, pero no dejemos de construir un
mundo que a todos nos agrade y donde Dios reine.
Gracias por detenerse a leer esta reflexión y si amas a alguien... compártela.
Ya está en librerías la tercera edición de Secretos de los triunfadores de Efraín Gutiérrez Zambrano.
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