Fragmentos de Ética

Ya pueden leer Alquimia del Amor.
Espero leer su opinión
Adquiéralo en
A continuación el lector hallará una antología de textos de ética de diferentes épocas. Nada mejor para aprender que ir a conocer a los protagonistas de las ideas. Algunos de mis libros fueron inspirados en fragmentos como los que a continuación publico.
MÁXIMAS PARA ALCANZAR LA FELICIDAD
EPÍCTETO
No desees nada con pasión; si deseas cosas que no dependen de ti es
imposible que no te veas frustrado; y si deseas las que de ti dependen,
advierte que no estás bastante instruido de lo que es necesario para desearlas
honestamente. Por lo cual si quieres hacer bien acércate a ellas de manera que
puedas retirarte cuando quieras. Pero todo esto se ha de hacer con medida y
discreción. (...)
Cuando se te ofrece algún objeto enojoso, acostúmbrate a decir en ti mismo
que no es lo que parece sino pura imaginación. Luego que hayas hecho reflexión,
examina el objeto por la regla que ya tienes para ello. Considera si es cosa
que depende de ti; porque si no depende, dirá que no te toca. (...) Por
ejemplo: cuando manejas una olla de barro, que, habiendo hecho esta reflexión,
si acaso se quebrase no te causará alteración. Asimismo, si amas a tu hijo o tu
mujer, acuérdate que es mortal lo que amas, y por este medio te libras del
impensado sobresalto cuando la muerte te los arrebate. (...)
Si te
hallases embarcado y el bajel viniese a tierra, te sería permitido desembarcar
para buscar agua; y, asimismo, nadie te impediría el coger las conchelas que te
hallares en tu camino; pero te convendría tener la vista siempre en el bajel,
atendiendo a cuando el piloto te llamase, y entonces sería menester dejarlo
todo de modo que no te hiciese embarcar atado de pies y manos como una bestia.
Lo mismo sucede en la vida. Si Dios te da mujer e hijos, permitido te es
amarlos y gozar de ellos. Pero si Dios te llama, conviene dejarlos sin más
pensar y correr ligeramente a la nave. Y si ya eres viejo, guárdate de alejarte
y de no estar prevenido para cuando seas llamado. (...)
Nunca pidas que las cosas se hagan como quieras; mas procura quererlas
como ellas se hacen. Por este medio todo te sucederá como lo deseas.
Acuérdate que conviene que representes la parte que te ha querido dar el
autor de la comedia. Si es corto tu papel, represéntate corto; si largo, represéntate largo. Si te manda
hacer el papel de pobre, hazlo naturalmente lo mejor que pudieres. Y si te da
el de príncipe, el de cojo o el de un oficial mecánico, a ti te toca el
representarlo y al autor el de escogértelo. (...)
Ten cada día delante de los ojos la muerte, el destierro y las otras demás
cosas que la mayor parte de los hombres ponen en el número de males. Pero ten
cuidado particularmente de la muerte, porque por este medio no tendrás ningún
pensamiento bajo ni servil, ni desearás nada con pasión. (...)
Por opinión que tenemos de las cosas que nos tocan podemos conocer lo que
desea la naturaleza. Cuando el criado de tu vecino rompe un vidrio decimos,
luego, aquello sucede ordinariamente; conviene comportarse de la misma manera
cuando te rompa el tuyo, y quedar tan mesurado como cuando se rompió el de tu
vecino. Aplica esto también a las cosas mayores. Cuando el hijo o la mujer de
tu vecino se mueren, no hay quien no diga que eso es natural; pero cuando nos
sucede tal accidente nos desesperamos y gritamos diciendo: "¡Ah, cuán
desgraciado soy! ¡Ah, cuán miserable!", pero deberás recordar en este
suceso lo que sientes cuando a otro le acontece la misma cosa. (...)
El aplicarse demasiado a las cosas corporales es señal de un alma baja,
como es ser continuo en ejercicios de comer y beber mucho, el darse demasiado a
las mujeres y gastar más tiempo del que es menester en las demás funciones del
cuerpo. Todo esto se ha de hacer de prisa y como de paso. Al espíritu se han de
dar todos nuestros cuidados.
(Manual o Máximas de Epícteto)
SI EL SABIO PUEDE SER ÚTIL AL SABIO.
¿Deseas saber si el sabio es útil al sabio? Nosotros andamos
diciendo que el sabio se halla colmado de todo bien, que ha alcanzado la cumbre;
se pregunta ahora cómo puede ser útil al que posee el bien supremo. Los buenos son útiles entre sí, pues
practican las virtudes y conservan la sabiduría en su estado; cada uno de ellos
desea otro con quien conversar e investigar. Los hábiles en la lucha se
mantienen en forma mediante el ejercicio; el músico es estimulado en su arte
por el maestro. El sabio necesita la práctica de las virtudes; tal como él se
ejercita es ejercitado por otro sabio. ¿Qué utilidad reportará el sabio al
sabio? Prestarle impulso, mostrarle las ocasiones de los actos virtuosos.
A más de esto le manifestará algunos pensamientos, mostrándole lo que ha
descubierto. Pues siempre quedarán al sabio descubrimientos por hacer en cuya
busca pueda expansionar su inteligencia.
El malo mueve al malo y lo torna peor, excitándole la ira, aprobándole
la tristeza, alabándole sus placeres. Nunca son más terribles los perversos que
cuando muchos de ellos juntan sus vicios y asocian sus maldades. Por la ley de los contrarios, pues, el bueno será
útil al bueno. ¿Me preguntas cómo?. Le
procurará alegría, le hará más firme la confianza, y la contemplación y la
seguridad mutuas harán crecer la alegría de ambos. Además, le facilitará el conocimiento de
muchas cosas. Pues el sabio no lo sabe todo, y aunque lo supiese, otro puede
descubrir y mostrar vías más breves por las cuales pueda ponerse toda aquella
máquina en movimiento. El sabio puede ser útil al sabio, no sólo con sus
fuerzas, sino hasta con las de aquel a quien ayuda. Es cierto que el sabio, aún dejado solo,
puede desplegar sus facultades; se servirá de su propia velocidad, pero, sea
como fuere, quien corre es también ayudado por quien exhorta: " Tienes que
saber que el sabio no aprovecha al sabio, sino a sí mismo. Quítale la fuerza propia y no hará
nada." De igual manera que la miel no tiene dulzor, por cuanto aquel que
ha de comerla debe estar de tal mnera dispuesto de lengua y de paladar para
este sabor que el dulzor le resulte
agradable, ya que de otro modo le ofendería pues hay hombres que encuentran la
miel amarga por causa de enfermedad, conviene que uno y otro estén sanos,
porque uno puede ser útil y el otro prestarle material adecuado. "Si - dices - sería cosa superflua calentar un cuerpo que
se halla en el grado más alto de calor, asimismo lo es querer procurar provecho
al hombre que ha ascendido al bien supremo. El agricultor provisto de todas sus
herramientas, ¿iría, por ventura, a pedir otra?. El soldado lo bastante armado para salir a la
batalla, ¿siente necesidad de alguna otra arma?. El sabio tampoco: cuenta con todas las
herramientas y armas que le precisan." A ello respondo: el cuerpo que se
encuentra en el más alto grado de calor, ¿no necesita que se le añada aún más
de éste para mantenerse en aquel grado tan alto? "Pero el calor - me dices
- se conserva solo." Primeramente
hay mucha distancia en estas cosas para comparar. Pues el clor es uno, y la
utilidad es varia. Además, el calor no
es ayudado a ser caliente por la añadidura de calor, pero el sabio no puede
permanecer en igual situación de espíritu si no acepta algunos amigos
semejantes a él a los que comunicar sus virtudes. Añade aún que todas las virtudes son amigas
entre sí. Es por lo tanto, útil a su
semejante quien ama sus virtudes y, a su vez, le ofrece las suyas propias para
que sean amadas por aquél. Las cosas semejantes deleitan, sobre todo cuando son
honestas y saben seducir y ser seducidas.
Nadie ha podido aún poseer el arte de influir en el alma del sabio que no
haya sido sabio, de igual manera que nadie puede mover racionalmente al
hombre. Así como para mover la razón es
necesaria la razón, para mover la razón perfecta precisa la razón perfecta. Se
dice también que nos reportan provecho aquellas que nos procuran medios, como
dinero, influencia, seguridad, y otras cosas que nos son caras o necesarias
para los usos de la vida y mediante las cuales hasta el hombre más torpe puede
ser útil al sabio. Pero ser útil es mover el alma según la Naturaleza por obra
de la virtud propia, como también mediante la de aquel que es movido. Y ello no puede acontecer sin provecho de
quien influye en el otro, por cuanto al ejercitar la virtud de otro es menester
que ejercite la suya propia. Pero aún
prescindiendo de estos bienes supremos o de las causas que los producen, los
sabios pueden ser útiles unos a otros.
Ya que para un sabio es cosa deseable encontrar otro, puesto que todo lo
que es bueno tiene naturalmente simpatía por lo bueno, y por esto cada uno de
ellos toma afecto al hombre bueno como a sí mismo. A fin de seguir mi argumento me es necesario
pasar de esta cuestión a otra. Se
pregunta si el sabio deliberará solo o llamará a alguien en busca de consejo.
Será necesario que lo haga cuando descienda a la vida civil y doméstica, a la
vida, por decirlo así, de las cosas mortales; en estos asuntos el consejo de
otro le es tan necesario como al médico, al piloto, al abogado o al iniciador
de procesos. El sabio, pues, será alguna
vez útil al sabio porque le aconsejará.
Pero también en aquellas cosas grandes y divinas, según ya hemos dicho,
le será útil, ya que juntos podrán discurrir sobre las cosas honestas y juntar
sus almas y sus pensamientos. Además, es
algo muy conforme con la Naturaleza abrazar a los amigos y alegrarse de sus
progresos como de los propios. Porque si
no lo hacemos así no quedará en nosotros aquella virtud que tiene su fuerza en
el ejercicio de la sensatez. Pero la
virtud aconseja ordenar bien las cosas presentes, proveer a las futuras,
deliberar y tener el ánimo siempre diligente.
Y le será más fácil mostrar ánimo atractivo y bien desplegado a aquel
que se haya juntado con un compañero.
Para ello debe buscar un varón perfecto, o uno que se halle en camino de
perfección y muy cerca de ella, y este hombre perfecto le será útil si le hace,
debido a la prudencia de ambos, más firmes las resoluciones. Se dice que los
hombres ven más claro en lo negocios de ls demás. Esto es un defecto que tienen los hombres
cegados por el amor propio y a los cuales el temor quita la visión de la
utilidad: comenzamos a cobrar buen juicio cuando nos sentimos más seguros y
libres de temores. Pero, por otra parte,
existen cosas que hasta los sabios ven más claramente en otro que en sí mismos. Y, en fin, el sabio podrá dar al sabio
aquello tan dulce y tan egregio de
"querer y no querer ambos las mismas cosas": una empresa
nobilísima les conducirá bajo el mismo yugo.
He satisfecho tu existencia, por más que esto entraba en el orden de
materias que hemos alcanzado en nuestros volúmenes de filosofía moral. Según tan frecuentemente acostumbro decirte,
piensa que estas cosas no utilizan más que la sutilidad del ingenio. Pues vuelvo siempre a lo mismo: ¿de qué nos
sirve tal cosa? Tórname más valeroso, más justo, más temperante. No es hora aún de dedicarme a los ejercicios,
necesito todavía al médico. ¿Por qué me
pides una ciencia inútil? Me has prometido grandes cosas y no veo más que cosas
pequeñas. Decías que me tornaría
intrépido aunque en derredor mío brillasen las espadas o el puñal rozase mi
garganta; decías que permanecería tranquilo aunque en derredor mío llameasen
los incendios o una súbita borrasca arrastrase mi navío por todos los mares;
proporcióname el afán de menospreciar el placer y la gloria. Luego me enseñarás a resolver cuestiones
complicadas, a distinguir las que son ambiguas, a aclarar las obscuras; ahora
enséñame lo que necesito. Consérvate
bueno.
SÉNECA, CARTAS MORALES A LUCILIO, TOMO II.
¿En qué consiste
la felicidad del hombre?
Artículo 1. Si la felicidad del hombre está en las riquezas.
Es necesario responder que es imposible que la felicidad del
hombre esté en las riquezas. Al decir del filósofo en la Política, hay dos clases de
riquezas, las naturales y las artificiales. Las naturales son aquellas que
sirven al hombre para satisfacer sus necesidades naturales, como el alimento,
la bebida, los vestidos, los vehículos y las habitaciones y otras cosas
semejantes. Las artificiales son aquellas con las que de suyo no se ayuda a la
naturaleza, como el dinero, pero que el arte humano inventó para facilitar los
cambios, a fin de que sean como una medida de las cosas venales del comercio.
Pues bien, es evidente que la felicidad del hombre no puede
consistir en las riquezas naturales porque a éstas se las busca con otra
finalidad ulterior, es decir, para sostenimiento de la naturaleza del hombre y,
por ello, no pueden ser fin último del hombre sino que se ordenan al hombre
como a un fin. De ahí que en el orden de la naturaleza todas ellas están por
debajo del hombre y hechas para el hombre.
Y las riquezas artificiales no se buscan sino por las
naturales, pues no se buscarían si con ellas no se comparan las cosas
necesarias para el uso o ejercicio de la vida; luego tienen mucho menos razón
de fin último. Es imposible, por consiguiente, que el fin último del hombre
esté en las riquezas (...).
Artículo 4. Si la felicidad del hombre está en el poder.
Es necesario responder que es imposible que la felicidad del
hombre consista en el poder. Primero, porque el poder es principio, , afirma el
libro V de la Metafísica, y la felicidad es fin, y último. Segundo,
porque el poder sirve para el bien y para el mal, mientras que la felicidad es
bien propio y perfecto del hombre; luego más bien un cierto modo de felicidad
podría consistir en el buen uso del poder mediante la virtud más que en el
poder mismo.
Finalmente, se pueden invocar cuatro razones generales para
mostrar que la felicidad no está en ninguno de los bienes citados. Primera,
porque, al ser la felicidad el bien sumo del hombre, no es compatible con
ningún mal, mientras que todos los bienes anteriormente señalados pueden
encontrarse en los hombres buenos y en los malos. Segunda, porque, siendo
esencial a la felicidad el ser “suficiente por sí misma”, como se dice en el
libro, I de la Ética, una vez lograda la felicidad es forzoso que al
hombre no le falte ningún bien necesario y, sin embargo, logrados todos y cada
uno de los bienes citados, todavía pueden faltar muchos bienes necesarios al
hombre como la sabiduría, la salud corporal y otros. Tercera, porque al ser la
felicidad el bien perfecto, no puede provenir de ella ningún mal para nadie, lo
cual no ocurre con los bienes citados... Cuarta, porque el hombre se ordena a
la felicidad por principios interiores puesto que por la misma naturaleza está
hecho para ella; ahora bien, los cuatro bienes señalados provienen más bien de
causas exteriores y en la mayoría de los casos de la suerte o fortuna y por eso
se llaman bienes de fortuna. Queda manifiesto, por consiguiente, que la
felicidad no consiste de ningún modo en dichos bienes (...).
Artículo 5. Si la felicidad del hombre está en algún bien del
cuerpo.
Es necesario responder que es imposible que la felicidad del
hombre esté en algún bien del cuerpo. Por dos razones. Primera, porque es
imposible que el fin último de una cosa que se ordena a otra consista
simplemente en que esa cosa se conserve en su ser. Por ejemplo, el piloto no
intenta como fin último la simple conservación de la nave puesta bajo su
dirección, ya que la nave se ordena como fin a otra cosa, a la navegación. Pues
bien, así como se le encomienda al piloto la nave para que la dirija, así el
hombre es entregado a su propia razón y voluntad, de acuerdo con aquello del Eclesiastés,
15, 14: “Dios creó el hombre en el principio y lo dejó en manos de su
libertad”. Ahora bien, es evidente que el hombre está ordenado a algo como a un
fin pues el mismo no es el bien supremo. Luego es imposible que el fin último
de la razón y de la voluntad del hombre sea la simple conservación del ser
humano.
Segunda, porque, aun
suponiendo que el fin de la razón y de la voluntad humana fuera la conservación
del ser humano, no podría afirmarse que el fin del hombre fuese algún bien
corporal. El ser del hombre consiste en el alma y en el cuerpo, y, si bien el
ser del cuerpo depende del alma, el ser del alma humana no depende del cuerpo,
en el sentido que se expuso anteriormente; el cuerpo es por el alma como la
materia por la forma y algo así como el instrumento por el motor, para que por
él realice sus acciones; luego todos los bienes del cuerpo se ordenan a los
bienes del alma como a su fin. En consecuencia, es imposible que la felicidad,
que es el fin último del hombre, consista en los bienes del cuerpo (...).
Artículo 6. Si la felicidad del hombre está en el placer.
Es necesario responder que, según Aristóteles en el VII de la
Ética, “ como los deleites corporales son los más conocidos para la
mayoría recibieron el nombre de voluptuosidades o placeres voluptuosos”, aunque
existan otros mayores. Sin embargo, la felicidad no consiste en ellos porque en
cualquier realidad una cosa es lo que constituye su esencia y otra lo que es
su accidente propio como, por ejemplo,
en el hombre el ser animal racional mortal es cosa distinta de ser risible.
Según esto hay que tener en cuenta que todo placer o gozo es un cierto
accidente propio que se sigue de la felicidad o de algún elemento parcial de la
misma; alguien, en efecto, se goza o deleita, porque posee algún bien que
conviene a la naturaleza, sea que lo tenga realmente, sea en esperanza, sea al
menos en la memoria. El bien conveniente, si de verdad es perfecto, es la
felicidad misma del hombre; si es imperfecto, es cierta participación próxima o
remota o por lo menos aparente de ella. En consecuencia, es claro que ni el
gozo mismo que se sigue del bien perfecto es la esencia misma de la felicidad
sino una cierta consecuencia que se sigue de la misma a la manera de accidente
propio.
Pues bien, el placer corporal ni siquiera de ese modo puede
ser el resultado del bien perfecto ya que es una consecuencia del bien que
percibe el sentido y el sentido es una potencia o fuerza del alma que usa del
cuerpo. El bien que pertenece al cuerpo y que es aprehendido por el sentido no
puede ser el bien perfecto del hombre: en efecto, como el alma racional excede
la proporción de la materia corporal, la dimensión o parte del alma que está
liberada de órgano corporal posee cierta infinitud respecto del cuerpo mismo y
de las partes o dimensiones del alma sujetas al cuerpo; así como las realidades
inmateriales son en cierto modo infinitas respecto de las materiales porque la
forma se limita y contrae por la materia y,
por lo mismo, la forma independientemente de la materia es en cierto
modo infinita, así el sentido, que es facultad corporal, conoce lo
singular, que es determinado y limitado
por la materia, mientras que el entendimiento, que es facultad independiente o
absuelta de la materia, conoce lo universal, que es abstraído o abstracto de la
materia y que contiene en sí infinitos singulares. Por lo tanto, es evidente
que el bien conveniente o proporcionado al cuerpo, el cual causa el deleite
corporal por medio de la percepción sensorial, no es bien perfecto del hombre
sino mínimo en comparación con el bien del alma... En consecuencia, el placer
corporal ni es la felicidad misma, ni es siquiera un accidente propio de
ella.
Tomás de Aquino (Suma Teológica)
La situación ideal de diálogo para Habermas
1. ¿Qué entiende Habermas por acción?
Para Habermas la
acción es un modelo teórico, que se plantea a partir de la teoría
sociológica y analítica de la acción. De esta forma, delimita el concepto de
acción en el contexto de la ontología,
de la teoría del conocimiento y la del lenguaje. Habermas entiende la
acción como la aplicación de un plan de acción en el que un actor postula un
acuerdo o un saber común de ciertos actores sobre otros, el plan se apoya en la
interpretación de alguna situación específica en la que el actor domina dicha
situación al llevar a termino su plan de acción. Ésta
debe ser concebida de tal manera que permita diseñar un orden social,
una teoría de la acción ligada a los roles sociales que permita establecer el
interaccionismo entre el campo simbólico y el campo etno-metodológico. Es
decir, que permita considerar al hombre como persona y no como simple medio.
2. ¿Qué es la situación ideal de diálogo, y cuáles son las condiciones
para que se pueda dar?
La situación ideal de diálogo para Habermas es la que se da a partir de un
saber común en el cual los participantes coinciden en algunas opiniones y
aceptan como válido un saber, es decir, un acuerdo que contenga componentes o
implicaciones relevantes para la secuencia de interacción.
Para que tal situación se efectúe, los participantes se deben referir en
términos de reciprocidad en los que no debe existir una influencia sobre el
otro. Un acuerdo no puede formarse o venir por la imposición de una u otra
parte, ya que perdería su eficacia y el carácter de convicción común en cuanto
el afectado se da cuenta de que es el resultado de la influencia externa que
otro ha ejercido sobre él.
2.
¿Qué entiende por acción
teleológica?
La acción teleológica es entendida como una relación entre un actor y
determinado mundo, en esa relación el actor debe tener la capacidad de formarse
opiniones, someterlas a evaluación, y concebir intenciones y ejecutarlas. De
esta forma el actor adopta inicialmente dos relaciones con el mundo objetivo:
puede conocer estados de cosas existentes o traer a existencia estados de cosas
deseadas.
4. ¿Qué entiende por acción instrumental?
La acción instrumental es aquella en la que el objetivo de las relaciones
interpersonales de los sujetos que actúan es su propio éxito, y sólo son
reguladas por el intercambio de intereses
(poder).
La orientación que se da a las acciones instrumentales se plantea en
términos de competencia por el dinero y por las políticas de poder, las
decisiones se coordinan a través de relaciones de mercadeo o de dominación. Así
mismo los participantes de esta acción se desenvuelven en relaciones
interpersonales de carácter instrumental ya que los individuos son vistos como
medios para alcanzar sus propios fines.
5. ¿Qué entiende por acción estratégica?
La acción estratégica es una acción social que representa una alternativa
desde la perspectiva del mismo agente. Los participantes en la acción deben
elegir entre una actividad orientada al éxito o una actitud orientada al
entendimiento. En la acción estratégica los individuos no se limitan a
intervenciones instrumentales, ya que aquellos persiguen sus fines por medio de
influjos sobre otros actores, ampliando así su aparato categorial a lo que
puede presentarse en el mundo.
El modelo de acción teleológica
puede llegar a convertirse en acción estratégica cuando en el cálculo que el
actor hace de su propio éxito entran las expectativas de otro actor que también
actúe con el fin de alcanzar sus metas.
6. ¿Qué es la acción regulada por normas?
Para Habermas la acción regulada por normas es la que presupone un
consenso valorativo en el que el entendimiento sirve a la actualización de un
acuerdo grupal normativo ya vigente. La acción regulada por normas responde a
un orden social que se entiende como un sistema de instituciones vigentes o de
normas legitimadas por un grupo social.
En este tipo de acción, los miembros de un grupo social orientan su
conducta a valores comunes y, de acuerdo a ello, el actor particular sigue o
transgrede una norma. El actor es portador de roles sociales a partir de los
cuales puede entablar relaciones interpersonales legítimamente reguladas. Las
normas expresan un acuerdo vigente en un grupo social que son aceptados y
justificados por los destinatarios de las normas.
7. ¿Qué es la acción dramatúrgica?
La acción dramatúrgica es la que se apoya en las relaciones consensuales
entre participantes que se ponen a sí
mismos y a su público en escena. El actor genera ante su público una imagen, la
cual proyecta determinadas impresiones de sí mismo, revelando con subjetividad
la apariencia que desea mostrar. El modelo de acción dramatúrgica cuenta con un
pluralismo de identidades que se reafirman a sí mismas y que comunican entre sí
por medio de la autorepresentación, igualmente se puede definir como un modelo
expresivista que otorga un espacio creativo al actor.
En la acción dramatúrgica el comportamiento de los actores corresponde a
una ínter-representación en la que se muestra una estabilización de la expresión
de las propias vivencias, efectuada con vista a la imagen que se quiere
proyectar de sí mismo a un espectador.
8. ¿Qué es la acción comunicativa?
La acción comunicativa es entendida como aquella que se desenvuelve en el
mundo objetivo, subjetivo y en el mundo social
en el que los individuos son agentes activos que juegan el papel de
hablantes y oyentes, los cuales relativizan sus acciones sobre algo en el mundo
teniendo en cuenta la posibilidad de que determinada acción sea puesta en
cuestión por otros actores.
En la acción comunicativa el entendimiento coordina las acciones a partir
de que el hablante pretende manejar un grado de verdad para los enunciados y
presuposiciones de existencia, rectitud para las acciones legítimamente
reguladas para su contexto normativo y veracidad en lo que se refiere a las
manifestaciones subjetivas. De esta manera se puede asegurar que la acción
comunicativa es el dominio de las situaciones a partir de: el aspecto
teleológico de la ejecución de un plan de acción y del aspecto comunicativo de
interpretación de la situación y obtención del acuerdo.
9. ¿Por qué, según Habermas, la acción comunicativa es superior a todas
las anteriores y dónde radica su dimensión ética?
Según Habermas, la acción comunicativa es superior a los otros modelos de
acción en la medida en que sirve a la tradición y a la renovación del saber
cultural. Así mismo es importante ya que se convierte en un aspecto
socializador en cuanto sirve a la construcción de la acción social y al
establecimiento de la solidaridad.
De otro lado, la acción comunicativa cataliza el desarrollo de las
identidades personales, la reproducción de agentes culturales y la gestación de
procesos de integración social, elementos estructurales del mundo y componentes que hacen parte de la cultura,
la sociedad y la persona.
En
esta instancia la cultura es entendida como la provisión de saber de la que los
participantes en la interacción, al entenderse entre sí sobre algo en el mundo,
se proveen de interpretaciones. La sociedad es concebida como los órdenes
legítimos a través de los cuales los participantes en la interacción regulan su
pertenencia a grupos sociales y con ello aseguran la solidaridad. En este
contexto, la personalidad llega a ser el conjunto de competencias que
convierten a un sujeto en un ser con capacidad de lenguaje y acción, es decir,
lo pone en la situación de participar con entendimiento y afirmar en ellos su
propia identidad.
10. ¿Por qué propone una ética dialógica o comunicativa?
Se propone una acción comunicativa para que se pueda crear un mecanismo
cuya base sea el entendimiento para coordinar la acción y la socialización de
los actores. Se establece que bajo el aspecto del entendimiento la acción
comunicativa sirve al saber culturalmente acumulado, ya que la tradición
cultural se reproduce. Por otro lado, bajo el aspecto de la coordinación de la
acción, la acción comunicativa sirve a
un cumplimiento de normas que se debe ajustar al contexto.
La acción comunicativa se propone como tarea investigar la razón inscrita
en la propia práctica comunicativa cotidiana y reconstruir, a partir de la base
de validez del habla, un concepto no reducido de la razón. Hablaríamos así de
un concepto de la racionalidad comunicativa que lleva consigo connotaciones que
finalmente remiten a la experiencia central de la capacidad de unir sin
coacciones y de fundar el consenso que tiene un habla argumentativa en la que
distintos participantes superan la subjetividad inicial de sus concepciones.
11. ¿Cómo se emplea el lenguaje en los diferentes tipos de acción?
* Acción teleológica: El uso del lenguaje es orientado por las
consecuencias y la formación lingüística por consenso no funciona.
* Acción estratégica: en la acción estratégica el lenguaje se emplea con
el fin de generar efectos perlocucionarios. Mediante un empleo manipulativo del
lenguaje, el actor adopta el comportamiento deseado para lograr el éxito de su
acción.
* Acción instrumental: en esta acción el uso del lenguaje es de carácter
regulador y controlador orientado al éxito.
* Acción Dramatúrgica: supone un uso del lenguaje orientado al
entendimiento. La formación lingüística exige el establecimiento de un consenso
que se puede dar por un rol interpretativo o uno creativo.
* Acción por norma: propone un uso del lenguaje orientado al
entendimiento, ya que sirve a la actualización de un acuerdo grupal normativo
ya vigente.
* Acción comunicativa: es un tipo de lenguaje orientado al entendimiento.
12. ¿Cuáles son los mundos que distingue Habermas?
* El
mundo objetivo, que corresponde al mundo de los hechos. Aquí el actor asume una
postura objetivante en la que un observador neutral se acerca a algo que tiene
lugar en el mundo.
* El mundo social, que corresponde al mundo de las normas. El individuo
actúa de conformidad con las normas, en las que los miembros de un grupo social
cumplen o infringen condiciones legítimas de comportamiento.
* El mundo subjetivo, el cual corresponde al mundo de las vivencias. Aquí
el actor asume una actitud expresiva en la que el sujeto que hace presentación
manifiesta algo de su interior ante un público.
13. ¿Cuál es la propuesta ética Habermasiana?
La dimensión ética Habermasiana se basa en la teoría de la acción
comunicativa, la cual radica en amalgamar correctamente el mundo objetivo, con
el mundo social y el mundo subjetivo, de tal forma que se dé una simultánea
orientación por las correspondientes pretensiones de validez que son la verdad
proporcional, la rectitud normativa y la veracidad o la autenticidad.
Ambiente espiritual
de nuestro tiempo.
Es la manera como se realiza la humanidad en sí lo que decide
todo lo demás Puede ajustarse al mecanismo (técnico) de la manera más
ingeniosa; si los hombres en cuanto tales faltan, no se está aún en ninguna
parte. Para no dejar que el hombre se pierda en la pura continuidad
de su existencia vital, es, parece casi necesario poner su conciencia ante la
nada, hay que recordarle su origen. Si al principio de su historia se
encontraba amenazado en su existencia física por las fuerzas de la naturaleza,
hoy es el mundo construido por él mismo lo que le amenaza en su esencia. Aunque
la cuestión se sitúa en otro nivel que en el origen, por lo demás muy oscuro,
de su desarrollo, se trata una vez más de todo su ser.
La salvación no puede encontrarse en el puro presente del gozo del vivir,
ni en la decisión sin esperanza por la que se sufre la nada. Estas dos
actitudes son sin duda indispensables como refugios momentáneos en caso de
fracaso, pero no bastan.
El hombre necesita, para ser él mismo, un mundo positivamente lleno.
Cuando está falto de apoyo, y las ideas parecen vacías de su contenido vivo, el
hombre se mantiene oculto a sí mismo todo el tiempo que se retrasa en
encontrar, en su propia creación, la idea que viene a su encuentro en el mundo.
Pero es en el Ser-sí del individuo donde se inicia lo que va a realizarse
en forma de mundo. Si el mundo parece estar vacío de esperanza, tomando la
forma de una organización sin alma, no por ello el hombre deja de guardar en él
una fuerza interior que se encuentra hoy reducida al estado de pura
posibilidad. A quien pregunta, con tono de desesperación, lo que subsiste aún
en el mundo presente, sólo se le puede dar una respuesta, siempre la misma: lo
que tú eres en tanto que puedes. La situación espiritual obliga hoy a cada
hombre a aceptar conscientemente el combate cuya esencia auténtica es la que se
arriesga. Encontrará en ello la victoria o el fracaso, según la manera como se
haga consciente del fundamento de su ser en la realidad de su vida.
El instante actual se presenta en la forma de la exigencia más difícil que
pueda concebirse, de una exigencia irrealizable. Despojado de su mundo por la
crisis, el hombre debe recrearlo a partir de su origen, gracias a las
presuposiciones que ha visto que se constituían para él. Ante él se abre la
mayor posibilidad de su libertad; no puede más que comprenderla, aunque sea en
su imposibilidad, o perecer en su nada. Si no sigue el camino de su ser-sí, se
hunde en el gozo arbitrario de la existencia, se deja arrastrar por las
obligaciones del mecanismo, al que no puede ofrecer resistencia. Le hace falta
dominar esos mecanismos de la existencia, fundándose en su propia
independencia, o bien haciéndose máquina, convertirse en su víctima. Le hace
falta establecer en la comunicación el lazo de un sí a un sí, y darse cuenta
que aquí todo se decide en la fidelidad o la infidelidad, o bien aceptar el ver
degradarse su existencia al rango de una función sin alma. Le hace falta tocar
los límites para comprobar su trascendencia, o bien ser engullido por la ilusión
de que las cosas de este mundo se entregan a él como ser absoluto. Las
exigencias que se le imponen tienen algo de titánico, pero él debe reconocerlas
y esforzarse en comprender hasta donde puede empujar el despliegue de su
ser-sí; si las rechaza, se encontrará reducido a una existencia que no puede
ser propiamente ni la de un hombre ni la de un animal.
Sobre la técnica:
La complejidad cotidiana de un mundo invadido por la técnica nos obliga a
dominarla por medio de un rodeo (Umwelt) que nos es accesible. La relación con
las cosas se modifica, se alejan de nosotros y se hacen indiferentes tomando la
forma de funciones intercambiables; la técnica ha separado al hombre del
presente inmediato. La nueva tarea que se impone (al hombre) es encontrar, por
medio de las realizaciones técnicas, una presencia inmediata de su ser en todas
las cosas que constituyen su mundo. Las nuevas condiciones creadas por el
desarrollo de las posibilidades teóricas deberían ser puestas al servicio del
hombre. La realización de la existencia llevada hasta la organización del
tiempo y hasta una estrecha economía de las fuerzas, debería permitir a cada
individuo encontrar en sí mismo la posibilidad de estar totalmente presente en
el mundo: en la reflexión, en la maduración (interior), en una proximidad real
a las cosas que forman parte de su contorno. La nueva posibilidad que se nos
ofrece, no es sólo l perfección de una manipulación completamente exterior de
las cosas, la realización eficaz de las necesidades materiales de nuestra
existencia, es la adquisición, por medio de esta técnica misma, de una libertad
que excede las determinaciones materiales.
(Karl Jaspers)
El Itinerante.
Lo esencial en el creador es el acto por el que se pone a disposición de
algo cuyo ser, sin duda, depende de él en algún sentido, pero que al mismo
tiempo se presenta a él como más allá de lo que él puede juzgarse capaz de
lograr directa e inmediatamente de sí. Esto se aplica con toda evidencia al
artista, a la única gestación que hace posible la obra de arte. No hay
necesidad de insistir en ello. Pero lo que hay que recordar es que el proceso
creador no es menos efectivo, por ser menos aparente, donde se realiza el
desarrollo personal, cualquiera que sea. Sólo que lo que corresponde crear a
una persona no es una obra en algún modo exterior a ella, y susceptible de
afectar una existencia independiente, es, en verdad, ella misma. ¿Cómo no
reconocer que la persona no se deja concebir fuera del acto por el que se crea,
sino al mismo tiempo que esta creación queda subordinada de alguna manera a un
orden que la supera ? Este orden se le aparecerá tanto si lo inventa como si lo
descubre, y la reflexión demostraría por lo demás, que entre la invención y el
descubrimiento, lejos de poder establecerse una demarcación tan rigurosa como
ordinariamente admite el sentido común, hay siempre una verdadera continuidad.
Si es así, habrá que decir que la persona no podría en modo alguno ser
asimilada a un objeto al que podamos decir que está ahí, es decir que está enteramente presente
delante de nosotros, que forma parte de una colección innumerable por esencia,
o incluso que es un elemento estadístico susceptible de entrar como tal en los
cálculos de un sociólogo que procediese con el método de un ingeniero. O bien,
al considerar las cosas, no ya desde fuera, sino desde dentro, desde el punto de vista de la persona misma,
no parece, en rigor, que pueda afirmar de sí misma: yo soy. Se comprende a sí misma mucho menos como ser que como voluntad de
superar lo que, en conjunto, es y no es; una actualidad en la que, a decir
verdad, se siente comprometida o
implicada, pero que no la satisface, que no está en la medida de la aspiración
conque se identifica. Su divisa no es Sum sino Sursum...
En un mundo escandaloso donde lo absurdo llevaría, finalmente, ventajas,
es decir, donde lo que hay de mejor y más alto estaría a merced de fuerzas
ciegas; donde, "porque un trozo de hierro les ha atravesado la cabeza,
sería completamente imposible entenderse con gentes como Péguy o como
Alain-Fournier". (Jacques Riviére, A
la trace de Dieu). No hay, quizá, un sólo valor que no esté expuesto a aparecer
como irrisorio y dudoso. Y esto conduce a preguntarse si la esencia del
valor - independiente de la función que
hemos tenido que reconocerle - no reside en su traslucidez. Por lo cual sólo
podemos entender que el valor es el espejo en el que siempre podemos leer
imperfectamente, a través de una orientación deformante, el aspecto auténtico
de nuestro destino, eso "más verdadero que hay en nosotros mismos" a
lo que nunca se le permitirá desplegarse en toda plenitud más que en un mundo
en el que la función de nuestras experiencias terrestres parece consistir en
franquearnos la puerta, o en entornárnosla, y quizás en casos extremos en
prohibirnos el acceso.
Orientar de esta forma nuestra vida hacia el más allá, es, no cabe duda,
tomar la posición contraria a la adoptada por la casi unanimidad de los
filósofos contemporáneos, y no discuto que, en el fondo de mí mismo, una voz,
inquieta, protesta y defiende con insistencia a favor de las metafíscas de la tierra. Sin embargo, podemos
preguntarnos si la negación sistemática del más allá no origina la base de las
convulsiones que , en nuestra época, han alcanzado su paroxismo; quizá sólo
puede instaurarse un orden terrestre estable si el hombre conserva una
conciencia aguda de lo que podríamos llamar su condición itinerante, es decir, si recuerda constantemente
que se trata de abrirse un camino precario, a través de los bloques erráticos
de un universo hundido y que parece escaparse a sí mismo por todas partes, hacia un mundo de
constitución ética más fuerte, y de la cual aquí abajo sólo puede percibir unos
cambios y unos reflejos inciertos. ¿No ocurre todo como si este universo
hundido se alzase implacablemente ontra el que pretende establecerse en él
hasta el punto de habitarlo permanentemente ? Ciertamente, no se discutirá que
la afirmación de ese más allá lleva consigo un riesgo, el "atractivo
riesgo" del que hablará el filósofo antiguo, pero todo consiste en saber
si, negándose a recorrerlo, no se compromete uno en un camino que, pronto o
tarde, lleva a la perdición.
GABRIEL MARCEL.
Principios de legislación.
Vuestro objeto único es buscar el placer y evitar el dolor. Estos
sentimientos eternos e irresistibles deben ser vuestro gran estudio. El principio de utilidad lo subordina todo a
estos móviles; y la utilidad es el primer eslabón de la cadena de mi enseñanza.
Mal es pena, dolor o causa de dolor. Bien es placer o causa de placer. Estas
palabras, pena y placer, las tomaréis en su significación vulgar, sin inventar
significaciones arbitrarias para excluir ciertos placeres o para negar la existencia de ciertas penas. Pena y placer
es lo que todos sienten como tal, el labrador como el príncipe, el ignorante
como el filósofo y como el marrano. La virtud no es un bien sino cuando
ocasiona un placer ; el vicio no es malo sino cuando ocasiona pena. Así, si en
el catálogo vulgar de las virtudes (como los mandamientos del Décalogo) halláis
una que os produzca más pena que placer, borradla y pasadla al catálogo de los
vicios y si en el catálogo de los vicios (como el de los siete pecados
capitales) encontráis alguno que inocentemente os conduzca al placer, borradlo y
pasadlo al catálogo de las virtudes.
La lógica de la utilidad consiste en partir del cálculo o de la
comparación de las penas y de los placeres en todas las operaciones del juicio,
y en no comprender en ellas ninguna otra idea. Los elementos del cálculo moral
son los placeres y las penas, según la clasificación y graduación por su
intensidad, duración, certeza, proximidad, fecundidad, y pureza. Por esta
última palabra se entiende que el placer no tenga riesgo de producir pena. Sumados
los placeres y sumadas las penas, se comparan,
y el saldo determinará la acción que se intenta ; en la inteligencia de
cada uno se debe hacer juez la utilidad, porque así debe ser ; de otro modo el
hombre sería un agente irracional, y el que no es juez de lo que le conviene, es menos que un niño,
es un idiota. Las reglas de este cálculo son las mismas que las de otro
cualquiera, aunque el valor de las cifras esté sujeto a subir y bajar por el
termómetro de nuestras inclinaciones, dándole más valor a lo que apetece y
disminuyéndolo a los malos resultantes
del placer que se desea. Se os dirá tal vez que el principio de utilidad no es
otra cosa que la renovación del epicureísmo y que los males que esa doctrina
hizo en las costumbres fueron bien conocidos, porque ese hombre fue de los más
corrompidos. No le hace. Es una verdad que sólo Epicuro entre los griegos tiene
el mérito de haber conocido la verdadera fuente de la moral y suponer que su
doctrina da origen a las consecuencias que se le imputan, es suponer que la
felicidad puede ser enemiga de la felicidad. Se dice que el hombre tiene cierta
cosa que le advierte interiormente lo es bueno y lo que es malo, y que esa cosa
se llama conciencia. No hay tal conciencia ; todo eso en el fondo es
arbitrario. La ley natural y el derecho natural en el fondo son ficciones ; no
hay más ley natural que los sentimientos de pena y placer. Es imposible razonar
con fanáticos armados del derecho natural.
Jeremías Bentham
MORAL CÍVICA
COMO MORAL MÍNIMA
1. Moral Religiosa y moral secular.
En la vida
cotidiana encontramos distintas morales que van configurando el vivir de los
hombres. Algunas son religiosas, es decir, apelan expresamente a Dios para dar
sentido a sus propuestas, y podemos decir que han sido y son numerosas; otras,
por el contrario, no hacen tal apelación expresa, y son, por tanto, morales
seculares1.
Claro que existe
un parentesco entre ellas, y muy estrecho, porque, si estar alto de moral es
estar en el quicio humano, también las religiosas buscan Ilevar a las personas
a su plenitud vital. Las religiones nacieron para responder al afán de
salvación que las personas experimentamos; un afán de salvación que, al menos
en las tres religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo, islamismo), se
refiere sobre todo al anhelo de librarse del mal voluntario (el pecado), de la
muerte y de algo que es casi peor que el pecado y la muerte: el sinsentido, la
convicción de que el origen y la meta de cada persona y de la humanidad en
conjunto es la pura casualidad.
Las religiones
nacen entonces de la experiencia vivida por personas concretas y por pueblos
concretos de que Dios salva del pecado, de la muerte y del absurdo, lo cual
tiene mucho que ver —todo que ver— con alcanzar la felicidad Pero
desgraciadamente en muchas ocasiones se han olvidado de que Dios "es el
que salva" y se han empeñado en que es "el que manda”, sobre todo,
“el que prohíbe", con lo cual algunos de sus representantes han acabado
censurando películas, libros e investigaciones científicas.
Como es natural,
toda religión lleva aparejada una moral, unas orientaciones para la forja del
carácter y para adquirir hábitos humanos, y las actuales morales tienen todas
en muy buena medida orígenes religiosos. Pero en occidente, sobre todo desde la
Ilustración, la moral fue independizándose de la religión y tratando de basarse
en la razón. Lo cual no significa que en ella no tenga una parte fundamental el
sentimiento, que por supuesto la tiene, sino que una moral racional ha de ser
aceptable por toda persona, sea creyente o no.
Hoy en día una
moral racional o una moral cívica, situada a la altura de nuestro tiempo,
difiere poco en el contenido del de una moral religiosa, igualmente situada a
la altura de nuestro tiempo, al menos, en lo que se refiere a unos minutos de
justicia. El distintivo de la religión es sobre todo que la experiencia de
salvación al menos en las religiones monoteístas, es inseparable de la un Dios,
que es totalmente íntimo a cada persona, pero que no se identifica con ella ni
con el mundo, porque es un "Tú", con el que se dialoga.
La moral civil2,
que aquí nos ocupa, es un tipo de moral secular, porque no recurre a Dios para
fundamentar sus valores, pero también conviene recordar que no es una moral
"laicista" sino "laica" que no es
lo mismo ni mucho menos.
Una moral
laicista, como en otro lugar he expuesto con detalle, "propone extirpar la
religión, un paso indispensable para la realización de los hombres, porque la
considera una de las fuentes de desmoralización"3 una moral
laica, por contra, es aquella que "para orientar el hacer personal y
colectivo no remite expresamente a Dios, pero que tampoco lo niega."4
La moral civil no
puede ser ni creyente ni laicista, porque en tal caso discriminaría a quienes
no comparten o la fe religiosa o la increencia; por lo tanto, tiene que ser
necesariamente laica, porque es la que hace posible la convivencia en una
sociedad pluralista, en la que los ciudadanos tienen creencias diversas.
A diferencia de
las morales religiosas, que tienen una larguísima historia, la moral cívica es
relativamente reciente, ya que tiene su origen en la experiencia vivida a
partir de los siglos XVI y XVII en Europa, de que es posible la convivencia
entre ciudadanos que profesan distintas morales religiosas o ateas, siempre que
comparten unos mínimos axiológicos y normativos; precisamente el hecho de
compartir esos mínimos permite la convivencia de los máximos.5
2. Éticas de máximos y éticas de mínimos
En el conjunto de
las morales contemporáneas conviene hacer una distinción que no sólo resulta
sumamente fecunda, sino que nos permite entender mejor la naturaleza de la
ética cívica: la distinción entre ética de máximos y ética de mínimos.
Las primeras
tratan de dar razón del fenómeno moral en toda su complejidad y por eso,
entienden la moral como el diseño de una forma de vida felicitante. Las éticas
de máximos son, por tanto, éticas conciliatorias, éticas que invitan o dan
consejos desde la experiencia vivida en primera persona o desde la experiencia
heredada de quienes merecen confianza. Por eso en ellas son importantes las
aportaciones científicas y contar con la ayuda de autoridades morales, es decir
de gentes a las que se cree porque se confía en su saber y hacer.6
La moral cívica, por su parte, se encuentra en el contexto de
las morales de mínimos, es decir, de aquellas que únicamente proponen los
mínimos axiológicos y normativos compartidos por la conciencia de una sociedad
pluralista, desde los que cada cual debe tener plena libertad para hacer sus
ofertas de máximos y desde los que los miembros de esa sociedad pueden tomar
decisiones morales compartidas en cuestiones de ética aplicada.
Sin una moral de
mínimos compartidos sería imposible hablar de una ética empresarial, de una
ética médica, ecológica, de una ética de los medios de comunicación y de las
distintas instituciones y profesiones, porque si en una sociedad no existe un
núcleo de valores morales compartidos, ¿cómo vamos a poder exigir moralidad a
cada uno de los sectores de esa sociedad y a proponer proyectos comunes? Pero
además sería un atropello enseñar ética en nuestras escuelas no confesionales y
empeñarse en potenciar unos valores u otros, teniendo en cuenta que una parte
de la población los aceptaría y otro no, con lo cual la discriminación
resultaría inevitable. ¿Qué haríamos entonces para educar, si es público y
notorio que no existe ningún tipo de educación "axiológicamente
neutral"?
3. La moral cívica es una moral de mínimos
La moral cívica consiste, pues, en
unos mínimos compartidos entre los ciudadanos que tienen distintas concepciones
de hombre, distintos ideales de vida humana; mínimos que los llevan a
considerar como fecunda su convivencia.
Precisamente por
eso pertenecen a la escencia misma de la moral cívica al menos los siguientes
caracteres: es una moral mínima, no se identifica en exclusiva con ninguna de
las propuestas de grupos diversos, constituye la base del pluralismo moral, y
no permite a las morales que conviven más proselitismo que el de la
participación en diálogos comunes y el del ejemplo personal, de suerte que
aquellas propuestas que resulten convincentes a los ciudadanos sean libremente
asumidas, sean asumidas de un modo autónomo. Por eso carece de sentido
presentar como alternativa el par "moral cívica / moral religiosa", ya que tienen
pretensiones distintas y, si cualquiera de ellas se propusiera engullir a la
otra, no lo haría sino en contra de sí misma.
Que la ética
cívica es una ética de mínimos significa que lo que comparten los ciudadanos de
una sociedad moderna no son determinados proyectos de felicidad, porque cada
uno de ellos tiene su propio ideal de vida buena, dentro del marco de una
concepción del mundo religiosa, agnóstica o atea, y ninguno de ellos tiene
derecho a imponerla a otros por la fuerza. Las concepciones religiosas,
agnósticas o ateas de mundo que propongan un modelo de vida feliz constituyen
lo que Ilamamos "éticas de máximos", y en una sociedad verdaderamente
moderna son plurales; por eso podemos hablar en ellas de un pluralismo moral.
Una sociedad pluralista,
es entonces, aquella en la que conviven personas o grupos que se proponen
distintas éticas de máximos, de modo que ninguno de ellos puede imponer a los
demás sus ideales de felicidad, sino que, a lo sumo, les invita a compartir a
través del diálogo y el testimonio personal. Por el contrario, es totalitarista
una sociedad en la que un grupo impone a los demás su ética de máximos, su idea
de felicidad, de suerte que quienes no la comparten se ven coaccionados y
discrimnados.
Precisamente
porque es un tipo de convicción al que nos Ileva la experiencia propia o ajena,
pero sin imposición, la ética cívica sólo ha sido posible en formas de
organización política que sustituyen el concepto de "súbdito" por el
de "ciudadano". Porque mientras se considere a los miembros de una
comunidad política como súbditos, como subordinados a un poder superior,
resulta difícil, —pero no imposible— pensar convicciones morales propias en lo
que respecta a su modo de organización social. Lo fácil es pensar en ellos como
menores de edad, también moralmente, que necesitan del paternalismo de los
gobernantes para poder Ilegar a conocer qué es lo bueno para ellos.
El paternalismo de
los gobernantes va quedando desde estas afirmaciones deslegitimado y en su
lugar entra el concepto moral de autonomía, porque aunque la ética y la
política no se identifican, están estrechamente relacionadas entre sí, como lo
están también con la religión y el derecho, de suerte que a un tipo de
conciencia política —como es la idea de ciudadanía— está estrechamente ligado a
un tipo de conciencia moral —como es la idea de autonomía—.
4. Los
contenidos de una moral cívica7
La ética cívica
nace de la convicción de que los hombres somos ciudadanos capaces de tomar
decisiones de un modo moralmente autónomo y, por tanto, de tener un
conocimiento suficientemente acabado de lo que consideramos bueno como para
tener ideas moralmente adecuadas sobre cómo organizar nuestra convivencia sin
necesidad de recurrir a los proyectos de autoridades impuestas. El primero de
los valores que componen nuestra ética cívica será, por tanto, la libertad,
entendida como autonornía y el segundo la igualdad, en la medida en que todos
los hombres pueden ser igualmente autónomos.
Igualdad significa
aquí lograr para todos iguales oportunidades de desarrollo de sus capacidades,
corrigiendo las desigualdades naturales y sociales8 y ausencia de,
dominación de unos hombres por otros, ya que todos son iguales en cuanto
autónomos y en cuanto capacitados para ser ciudadanos.9
Libertad e igualdad
son los dos primeros valores de la Revolución Francesa de 1789, de la que
surgió la Declaración de los derechos del Hombre y el Ciudadano, y son dos de
los valores que componen el contendido de la ética cívica. El tercero es la
fraternidad, que con el tiempo las tradiciones socialistas, entre otras,
transmutaron en solidaridad, un valor que es necesario encarnar si de verdad
creemos que es una meta común la de conseguir que todos los hombres se realicen
igualmente en su autonomía. Ahora bien, los valores pueden servir de guía a
nuestras acciones, pero para encarnarlos necesitamos concretarlos: el respeto y
la protección de los derechos humanos en sus distintas generaciones vienen a
concretar de algún modo estos valores que componen la ética cívica.
En efecto, la idea
de libertad promueve los derechos de la Ilamada "primera generación",
es decir, los derechos civiles y políticos, que resultan inseparables de la
idea de ciudadanía. Son estos derechos los que reciben también el nombre de
libertades: libertad de expresión, de conciencia, de asociación, de reunión,
libertad de desplazarse libremente, derecho de propiedad, derecho para
participar en las decisiones que se toman en la propia comunidad política.
Las tradiciones
socialistas, por su parte, consideran que estas libertades son formales
mientras no vengan respaldadas por unas seguridades materiales. De ahí que la
aspiración a la igualdad sea la que guíe el reconocimiento de la "segunda
generación" de derechos: los derechos económicos, sociales y culturales.
Son éstos el derecho al trabajo, a un nivel de vida digno, a Ia educación, a la
asistencia sanitaria, al seguro de desempleo y a la jubilación. Estas
tradiciones han sido ya reconocidas explícitamente por las Naciones Unidas en
la declaración del año 1948.
La "tercera
generación" de derechos, que todavía no ha sido recogida en declaraciones
internacionales, viene guiada por el valor de la solidaridad, ya que se refiere
a un tipo de derechos que no puede ser respetado sino por medio de la solidaridad
internacional: El derecho a la paz, o derecho a un medio ambiente sano. Aunque
todavía no han sido expresamente reconocidos en declaraciones internacionales,
forman parte ya de la conciencia moral social de los países.
Ahora bien,
resulta imposible que diferentes proyectos de vida feliz convivan si quienes
los persiguen no son tolerantes con aquellos que tienen un ideal de felicidad
distinto. De ahí que otro de los valores que componen la ética cívica sea la
tolerancia. Justamente este año ha sido declarado "Año de la
tolerancia" y yo entiendo que con esa actitud nos referimos a la
tolerancia activa: a la predisposición a respetar proyectos ajenos que puedan
tener un valor, aunque no lo compartamos.
La idea de
tolerancia activa, de libertad, la igualdad, la solidaridad y el respeto a los
derechos humanos se expresan de forma óptima en la vida social a través de un
tipo de actitud que Ilamaremos la actitud dialógica, una actitud que urge
potenciar.
Porque quién
adopta semejante actitud a la hora de intentar resolver los conflictos que se
plantean en su sociedad, muestra con ello que tiene a los demás hombres y a sí
mismo como seres autónomos, igualmente capaces de dialogar sobre las cuestiones
que les afectan y que está dispuesto a atender los intereses de todos a la hora
de tomar decisiones. Lo cual significa que toma en serio su autonomía, le
importa atender igualmente a los derechos e intereses de todos, y lo hace desde
la solidaridad de quien sabe que "es hombre y nada de lo humano puede
resultarle ajeno". Este es sin duda el mejor modo de conjugar dos
disposiciones éticas, que algunos autores tienen por difíciles de conciliar: el
universalismo y el respeto a la diferencia.
La moral cívica es
hoy un hecho en las sociedades pluralistas con democracia liberal, porque sus
valores son los que dan sentido compartido a las instituciones democráticas.
Por eso pueden ser éstas criticadas por cualquier ciudadano que considere que
no los encarnan debidamente. A mayor abundamiento, en los distintos ámbitos
sociaies van descubriéndose principios morales específicos que permiten a los
agentes de los distintos campos tomar decisiones compartidas en los casos
concretos, aunque las razones que apoyen tales valores sean diferentes.
Rastrear principios semejantes es, a mi juicio, una de las grandes tareas de
nuestro tiempo y un deber ineludible para quienes empeñan su vida en la tarea
educativa.
Adela Cortina
______________________________
1 CORTINA, Adela. Ética aplicada y democracia radical. Anaya/Alauda.
Madrid. 1994 Cap. 12
2 CORTINA, Adela y otros. Ética de la empresa. Trotta. Madrid. 1994
Cap. 2
3 VIDAL, M. Conceptos fundamentales de ética teológica. Trotta.
Madrid. p. 269-291
4 MARTÍNEZ NAVARRO, E. G. Reflexiones sobre la moral cívica democrática,
en Documentación social, 83. 1991. p. 11-26
5 CORTINA, Adela y otros. Ética de la empresa. Trotta. Madrid. 1994.
Cap. 11,12 y 13.
6 CORTiNA,
Adela. La moral del camaleón. Espasa-CaIpe, Madrid. 1991, Cap. 10.
7 CORTINA, Adela. La ética de la sociedad civil. Cap. 6
8 RAWLS, J. Teoría de la Justicia. F.C.E. Madrid. 1978. Parágrafo 11
9 WALTER, M. Esferas de la
Justicia. C.E. México.1993.
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por su comentario