Hay dos momentos
Por Efraín Gutiérrez Zambrano

Los científicos, más que los
filósofos, han alimentado con teorías la ilusión de la inmortalidad sin causa. Pero
si profundizamos en ese fenómeno tan misterioso como la misma vida nos daremos
cuenta que las explicaciones de la ciencia sirven para engañar a los niños y a
los que se creen sabios. Dios, en su sabiduría, puso al hombre sobre la tierra
para que admirara su obra y con humildad reconociera su pequeñez para que Él
pudiera actuar sobre su criatura y hacerla a su imagen y semejanza. Mas no todo
ser humano acepta y comprende que el principio de la sabiduría es la humildad y
la mejor guía para una vida feliz es su Palabra. Escuchar a Dios es un problema
insoluble para muchos.
El problema de
incomunicación con Dios es el
desconocimiento del lenguaje del Señor. Su abecedario no se halla en signos
exteriores y portentosas maravillas que nos lleven a comprender sus designios
con una lectura de soslayo. Se debe observar la sucesión de instantes que cual
eslabones traen los eventos. Nos equivocamos cuando queremos respuestas
externas a interrogaciones que nacen en la profundidad de nuestro ser. A este
mundo venimos, esta es la verdadera ciencia, a buscar respuestas que nacen en la
profundidad de nuestro ser.
Son esas respuestas a
preguntas vitales las que deben preocupar a todos, pues hay dos instantes en el
ser humano que las limitan en el tiempo y establecen la línea que une un
misterio aparentemente explicable desde la epistemología a otro para el cual
las conjeturas llenan de penumbra los conceptos que lo describen y que es
inexplicable para quienes se acercan a la escatología.
En el primer instante se
halla el nacimiento y en el último la muerte. El primero es rodeado de expectativas por quienes lo
presencian y el segundo, por lo general se asocia a la tristeza de la partida y
a la aridez del olvido. Entre esos dos puntos está el escenario donde se pueden
observar sueños, realizaciones, equivocaciones y frustraciones del ser humano.
Sin el convencimiento de la
eternidad inefable y del temor a Dios la vida resulta para unos la gran
tragedia donde la nada es soberana, para otros es comedia que a la muerte hace
reír a carcajadas. Muy pocos, por lo que se puede deducir de las acciones
humanas, aceptan que sólo Dios puede resucitar a los muertos, hacer de las
arenas un plácido jardín y de la bondad del corazón la llave para abrir la puerta donde el llanto muere y
la alegría se abre como rosa eterna.
Desde el principio todo estaba un poco claro pero con preguntas por responder poco a poco con el paso del tiempo se fueron respondiendo no todas pero si algunas pero esto mismo nos llevó a desafíar todo, con el fin de ponernos siempre por enésima a cualquier costo dando ejemplo de los que dicen creer en Dios pero solo se acercan a el en una necesidad pero y cuando tal vez en responde se aleja y puede poner en duda su existencia y ahora lo único que queremos es detener el tiempo que se nos fue otorgado por alguna razón porque no queremos dejar este mundo de placer
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