LA EDUCACIÓN DE CALIDAD,


LA EDUCACIÓN DE CALIDAD,
UNA NECESIDAD 
PARA UN MUNDO QUE CADA DÍA EXIGE MEJORES RESULTADOS.

La construcción de estrategias que hagan real la mejora continua en la institución educativa sólo es posible con personas capacitadas que sepan que la visión es un ideal al que se debe llegar, pero es necesario señalar el camino para conseguirlo. Si el directivo no tiene claro este concepto se corre el riesgo de nunca superar el nivel de simple ideal, de loable deseo y evidenciar en los resultados de la evaluación que siempre se obtienen iguales o peores resultados al dogmatizar el modelo y acostumbrarse a justificar los errores. Llegar al lugar donde están los mejores necesita el desarrollo de cuatro dimensiones humanas fundamentales que están estrechamente interrelacionadas y sin  las cuales es una utopía alcanzar las metas propuestas en la planeación anual. La primera, la dimensión psicológica, contribuye a mejorar la forma como se transmite el conocimiento. La segunda, la dimensión cognitiva, da cuenta de la calidad del conocimiento que se ofrece al estudiante. La tercera, la dimensión pedagógica, asegura la metodología coherente interna de la institución educativa. La cuarta, la dimensión social,  abarca desde el ámbito sociofamiliar y educativo (formal y no formal), hasta los espacios informales de los medios de comunicación, las TICS y otros procedimientos que se activaron con  la "revolución multimedia"  Un dominio e interrelación de conceptos y acciones propios de estas dimensiones aseguran el pensamiento crítico y sistemático que desarrolle los factores internos y externos que de manera directa influyen en los resultados que se programan y se esperan. 

En el desarrollo de las mencionadas dimensiones están comprometidos los insumos y requerimientos de los destinatarios del servicio que la institución educativa ofrece y que son el objeto y razón de ser de ella. Aquellos, sus familias, las autoridades educativas y la sociedad global, exigen una educación de calidad y la responsabilidad de la institución educativa es demostrar que está en capacidad de ofrecerla.

De acuerdo con esta exigencia global, todos los espacios y tiempos de la institución educativa deben ser oportunidades de interpretación y ejecución para mejorar la oferta de educación integral. En todos ellos existe un "curriculum" (en el sentido de Stenhouse), unos soportes, unos recursos, unos ritmos, unas relaciones que se deben establecer. Sobre todo es necesaria una reflexión pedagógica, en el sentido más etimológico, que no es sólo teórica, sino que debe vincular teoría y práctica porque son inseparables: toda práctica tiene detrás una teoría consciente o inconsciente y porque toda teoría surge de una práctica. Pensar que en el "hacer" no hay teoría es ingenuo, creer que en el reflexionar no hay práctica, es positivista. No se puede caer en la dicotomía platónica de separar el mundo de la ideas de la realidad palpable y bulliciosa. Es indispensable hacer las reformas para que  la institución educativa no se fosilice y con el tiempo se convierta en un museo que desconoce las  "nuevas" concepciones de este siglo que proclama el epistemecentrismo y la estadística.

Para conferencias y jornadas pedagógicas sobre este tema escribir a efraguza@gmail.com 

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