Siempre tú

Comparto con mis lectores dos poemas de un autor que en mi adolescencia estuvo entre mis favoritos. Siempre tú Entre el mínimo incendio de la rosa y la máxima ausencia del lucero, se quedó tu recuerdo prisionero viviendo en cada ser y en cada cosa. Te recuerdo en la cita milagrosa que se dan la mañana y el jilguero, y en el aire, traslúcido tablero donde escribe en color la mariposa. Todo me habla de ti. Sobre la brisa persiste la nostalgia de tu risa como una dulce música remota. En los labios tu nombre me florece, y al saberte lejana, me parece que me bebo tu ausencia gota a gota. ¡Qué horrible es el olvido! Ver la mujer amada Y no sentir que el alma Se curva de dolor. Cuando cerca a su nombre No nos punza la espina, Ya no vale la pena Nuestra estéril canción. Qué horrible es el olvido. ¡Qué horrible es el olvido! Saber que la quisimos Y que sigue en la sangre Sin producir dolor. Cuando nos resign...