La efigie del fundador
“Por sus obras los conoceréis” dijo el gran Maestro de Nazareth. Y para corroborar sus palabras hallé dos que me dejaron perplejo: La majestuosidad del edificio apabullaba a quienes se atrevían a mirar hacia los cielos que la luz solar inundaba. No había la menor duda: era el mejor de la ciudad. Su autor, el mejor arquitecto. La imponente edificación remataba en un pequeño obelisco y sobre su punta, el busto del fundador de la empresa, quien había mandado construir la magna sede. Entonces en mi mente aparecieron las imágenes del hombre que lo diseñó. Lo vi en largas jornadas planeando y haciendo la maqueta. Experimenté la sensación triunfadora de aquel día cuando aprobaron el proyecto. Los meses de trabajo de las cuadrillas de obreros que seguían al pie de la letra las instrucciones del arquitecto. Y entre risas y cantos, mucha gente el día de su inauguración. Pero mi mayor asombro era ver la efigie moldeada en bronce que parecía de oro bajo los rayos del sol. Toda esa mole de co...