Un poema antes del partido de fútbol.
¿Recuerdas los tiempos en que la risa volaba de mesa en mesa en la ciudad? Eran días de triunfos en estadios y aglomeraciones en la televisión. Legendarios gladiadores exhibían el orgullo abigarrado en tatuajes y melenas que se batían entre vítores. Fueron tardes y noches que desafiaron los cronómetros y encrespaban las olas de las barras al son de las cornetas. Después del espectáculo, rodeados de botellas y vasos, brindábamos en honor a los balones vencidos por los palos y mallas. ¿Lo recuerdas? Reíamos sin sensaciones de amenaza a nuestras vidas mientras la copa rodaba cristalina entre el balbuceo de las bocas. Nada había incitado el miedo a la muerte repentina. La luna brillaba tranquila y silenciosa y ninguno temía que en la risa ajena se agazapara el exterminio del gesto y el tambor. ¿Recuerdas esos pies que encendían aplausos y júbilos? Mirábamos cadáveres en batallas de barras bravas. Pero una camiseta como sudario era normal. Ahora cuando el mie...