Atardecer en el parque

Cansado de recorrer la ciudad me detuve en un parque. Al sol aún le quedaban unas brasas para calentarme. Me senté en el primer banco que hallé libre de hojas secas. Miré hacia la fuente que desafiaba la gravedad y al caer el agua pensé que es mejor detenerse en el camino que esforzarse para llegar a casa rápido sin haber disfrutado de las maravillas del paisaje. Correr sin sentido sólo produce enojo al descubrir que el día se fue sin haber alcanzado el horizonte. Además, del esfuerzo y el afán excesivos sólo quedan los dolores del cuerpo y los anhelos insatisfechos. Mi reflexión se interrumpió cuando dos niños comenzaron a gritar y a pelearse. El motivo lo descubrí cuando las palomas levantaron vuelo para huir de sus gritos. En medio del forcejeo se rompió la bolsa donde guardaban el arroz y los granos comenzaron a brillar como diamantes bajo la luz del atardecer. El más pequeño, al verme sonriendo, se acercó para decirme que su hermano no lo dejaba alimentar a las palomas. Pero fue ...