Me duele Nicaragua

Me duele Nicaragua como volcán que estremece el paisaje del alma. Su pueblo es lamento de pájaro obligado al encierro. Su canto lo devoró la ojiva del dictador. Su cielo es esplendor de sangre que rueda sobre el dolor materno. En sus calles hay un zumbido de mudas sirenas. El pan se cuece en el horno de lágrimas que el dictador aviva con el huracán de sus deseos. La estirpe de Anastasio es de nuevo el verdugo de la sangre que clama un relámpago de preces que iluminen el presidio. Antes que la sombra de azucenas haga sonar las campanas unamos las voces para suplicar a Dios misericordia en presencia del verdugo y que no tengamos que contar la historia de un pueblo que agonizaba ante la mirada inclemente del sol. Efraín Gutiérrez Zambrano