Oración del día
13 de diciembre de 2025
Señor:
Gracias por este
nuevo día que me otorgas. Gracias por el bautismo al que me llamaste y el
nombre que me diste para que me identificara ante los demás. En la vida es
esencial tener un nombre. Jesús fue el nombre que el Hijo de Dios recibió para
que lo identificáramos cuando vino a la tierra para buscar y salvar a los que
estábamos perdidos (Lucas 19:10). Invocar su nombre manifiesta al mundo que
aceptamos su mensaje. Ante el nombre de Jesús no se puede quedar indiferente la
persona, y las reacciones que provoca son muy variadas: gran oposición por
parte de algunos, temor por parte de otros, amor y adoración por parte de los
cristianos verdaderos. (El ángel dijo a María:) Concebirás en tu vientre, y
darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será
llamado Hijo del Altísimo. (Lucas 1:31-32) Encomendarse al nombre de Jesús
condujo y aún conduce a muchos a sufrir la persecución e incluso el martirio.
Sin embargo, las
autoridades hostiles al cristianismo nunca han podido impedir que el Evangelio
se propague y que el nombre de Jesucristo sea invocado y anunciado en todo el
mundo y en todos los niveles sociales.
Para el
verdadero cristiano, este nombre está por encima de todo, pues gracias a
Jesucristo somos hijos de Dios, nuestro Padre y por su muerte tenemos vida
eterna. Mediante el sacrificio de Jesucristo, el pecador que se arrepiente es
perdonado y justificado ante Dios. A través de ese nombre, el creyente se
dirige al Dios vivo y Padre con libertad y plena confianza, pues Jesucristo es
el sumo sacerdote. Cuando ora en el nombre de Jesús, se presenta ante Dios para
decir: Sé que recibes mi oración como si fuese la de Jesús. Todos los que en él
creyeren, recibirán perdón de sus pecados por su nombre. (Hechos 10:43) Conocer
el nombre de Jesús, vivir de acuerdo con su mandamiento nuevo de amor y
experimentar su poder es un privilegio ofrecido a todos los que creemos en él.
"El Señor de los ejércitos es su nombre; y tu Redentor, el Santo de
Israel; Dios de toda la tierra será llamado" (Isaías 54:5). En el nombre
de Jesús, el Hijo de Dios, iniciemos esta jornada. Así también el Padre y el
Espíritu Santo nos acompañarán también. Amén.

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