Para comenzar un nuevo año.

Pronto comenzaremos a contar los días de un nuevo año. Mas no me asusta que las hojas del calendario caigan para sepultarnos sin que lo notemos porque crecer y envejecer son algo tan natural como la aurora y el crepúsculo y ambas son caras de la misma moneda. Mas hay días especiales en que el alma abre sus puertas para dejar que el aire entre a ventilarla para evitar que el moho se apodere de ella. Son los días en que los anhelos se encienden como lámparas a media noche y las realizaciones toman el cuerpo de montañas que pintan el horizonte de esperanza. Entonces las palabras que musitan los labios se acercan a los corazones que padecen hambre de ternura y sed de amor para dejar en ellos una brisa que apacigua su violento fuego. Las horas del último día comienzan a congelarse como árboles endémicos frente a nuestros ojos y ante el espectáculo de la partida del viejo año sólo atinamos a sonreír a los demás y a comer uvas llenas de verdor. Pero así somos los hum...