Oración del día
21 de octubre
de 2024
Padre Celestial:
Gracias por el río que nos refresca todas las mañanas. Cerca a sus riberas viven muchas familias que se dedican a la alfarería. Es admirable observar a un alfarero cuando hace una vasija. Su oficio es una tradición de familia. Ejerce suaves presiones sobre la arcilla que gira en el torno para así obtener la vasija que llevará al mercado. Si la olla o la matera toma una forma defectuosa, el alfarero recoge de nuevo la arcilla y vuelve a iniciar el proceso. Pero si la cocción en el horno ha terminado, es demasiado tarde para modificar cualquier detalle de la vasija. La examina y tendrá que tomar la decisión de si la utilizará o la desechará.
Del mismo modo, nuestras vidas están en
tus manos, Señor. Por circunstancias de la vida nos hemos equivocado, hemos
tomado el camino del mal que se opone a tu plan de Amor.
Sin embargo, hoy reconocemos, Padre
nuestro, lo que somos, nuestro egoísmo, nuestros errores, nuestra maldad. Si Tú
quieres puedes transformarnos en la persona que desees, que te agrade. Danos
una nueva vida en Jesucristo. Sabemos que debemos aceptar a nuestro Salvador
antes de que sea demasiado tarde. ¡Es preciso admitir a Dios en nuestras vidas
desde este instante!
¿Consideramos nuestra vida
desperdiciada? Tal vez nuestra obstinación, nuestra rebeldía no nos deja
someternos a Ti, mi Dios. Somos vasijas defectuosas, lo admitimos. Somos
conscientes de nuestra incapacidad para ser santos como lo exiges. Pero Tú,
divino Alfarero, si lo quieres puedes darnos otra oportunidad como dice el
profeta Jeremías:
“Y descendí a casa del alfarero, y he
aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó
a perder en su mano; y volvió e hizo otra vasija, según le pareció mejor
hacerla. Entonces vino a mí palabra del Señor, diciendo: ¿No podré yo hacer de
vosotros como este alfarero?” (Jeremías 18:3-6).
Si volvemos a Dios con sincero
arrepentimiento, Él puede transformar nuestra vida de acuerdo con su voluntad.
Pero es necesario que escuchemos su voz y seamos obedientes. Señor, acéptanos y
perdona nuestras faltas. Amén.
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