Oración del día
24 de octubre
de 2024
Padre
Celestial:
La
quietud que precede a la aurora me llama a elevar la plegaria matutina. La
imponencia de las montañas del oriente aún no se vislumbra. Las aves, tal vez
por el frío de la brisa, se mantienen en silencio. Pareciera que todo el
universo fuese un mar sin voz. Es un instante oportuno para dirigir alabanzas a
quien todo lo creó para asombro del ser humano. Qué inmensa es tu obra y qué
grande mi admiración y gratitud a quien me invitó a la vida para que la viera.
Gracias
Señor por esta dicha de sentir el aire tibio que golpea mi ventana y roza mi
piel. Es hermoso decirte que hoy es un día para glorificarte por tantos
beneficios que a cada minuto me dispensas. Es el comienzo del ciclo trazado
sobre el calendario. Gracias por el sol que raudo camina a despertar matorrales
y jardines. Gracias por este amanecer que me permites contemplar en la
magnificencia del silencio. Gracias por la familia que me acoge en el vaivén
del amor y por los amigos que más tarde se unirán a esta plegaria al leerla y
compartirla. Con todos ellos grito lleno de júbilo, para romper la quietud de
la aurora, que te amamos.
"Así
pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y
familiares de Dios, edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas,
siendo la piedra angular Cristo mismo, en quien toda edificación bien trabada
se eleva hasta formar un templo santo en el Señor, en quien también vosotros
estáis siendo juntamente edificados, hasta ser morada de Dios en el Espíritu." (Efesios,
2:19-22)
Que, al
salir los primeros rayos de sol, sintamos tu presencia viva entre nosotros para
que se evapore esa neblina que nos impide reconocerte como nuestro Padre
bondadoso.
Gracias,
de nuevo, y que tu Luz nos ilumine en la unidad de tu Santo Espíritu. Amén.
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