Yo por aquí, Dios por allá.

En estos tiempos de reduccionismo y superficialidad, reflexionar sobre la religión o sobre Dios es tarea de orates y fanáticos. Opuestos en su demencia mantienen como fundamento el aceptar una ilusión, según pregonan los ateos. Pero tampoco resulta fácil negar a un conjunto numeroso de seres humanos que cultivan la fe como gran virtud y que rotulamos como creyentes. Los mismos altercados y divisiones se han presentado en el pasado como en la época presente. Podríamos hacer un gran volumen con aforismos y anécdotas sobre el tema, pero para no contrariar la tendencia actual bastan estos pocos ejemplos. Cicerón, en su libro De natura Deorum , cuenta que el tirano de Siracusa, Hierón, solicitó al vate Simónides de Ceos que le explicara la naturaleza y atributos de Dios. Ante la petición, el poeta, a su vez suplicó, se le concediera al menos un día. Al vencer el plazo aumentó la solicitud a dos y luego a cuatro y así extendió tanto el tiempo que Hierón exigió una e...